Aquella ciudad llamada Pompeya

Milenaria, llena de historias y secretos, escondes el aliento de los atrapados en tu corazón.

Pompeya, al fondo el Vesubio

Ciudad de Pompeya. Al fondo Volcán del Vesubio.

Una visita a Roma con Europviajes fue la oportunidad para escapar a Nápoles e iniciar desde allí la búsqueda de Pompeya. Luego de 2 horas en tren, comenzamos el día con una pizza napolitana artesanal, de bordes altos, con masa de pan, acompañada de tomate, mozzarella de búfala, albahaca y aceite de oliva, fundidos bajo el nombre de margarita.

 

Según los expertos esta ciudad debió fundarse en el sigo VII a.C, por su ubicación se fue convirtiendo en un importante punto comercial, allí se recibían las mercancías que llegaban del puerto y eran enviadas a Roma y a todo el sur de Italia. En el año 79 d.C, tras la erupción del Vesubio, la ciudad quedó cubierta por piedras volcánicas, lava y ceniza, enterrada durante más de 1600 años.

Pompeya

Pompeya

A mediados del siglo XVIII comenzó el desentierro de la ciudad. Poco a poco han ido renaciendo calles, plazas, casa, templos (Júpiter, Isis, Venus, Apolo, Vespasiano y muchos otros), teatros, esculturas, pinturas y un sin fin de historias de una auténtica ciudad Romana, detenida en un lejano pasado de casi 2 milenios.

Llegamos entre los primeros visitantes, el día prometía estar despejado y soleado. Aprendimos de bares, calles, historias de amor, técnicas arqueológicas, urbanismo, entre muchas otras cosas.

Bar

Barra para la venta de agua y vino

Muchos afirman que la idea del bar (la barra) nació en Pompeya, allí se encuentran evidencias de este modo de vender las bebidas. En las casas de las principales vías comerciales se colocaba un “mesón” donde se insertaban tinajas de barro para el agua y el vino. Del lado de la calle estaba el comprador y del lado de la casa: el vendedor, el intercambio se realizaba con un “cucharón” de hierro o madera.

El lupanario (latín lupa, loba), la casa de las lobas. Uno de los prostíbulos más conocidos de la ciudad tenía el nombre de “El Lupanar”, situado en una calle secundaria, las habitaciones y las camas eran muy pequeñas y de piedra. En la pared de cada habitación se dibuja un fresco que sugería la posición a practicar, además de llamativas inscripciones como: por dinero soy tuya o la estancia de la felicidad.

Lupanario

Fresco en una de las habitaciones de “El Lupanar” en Pompeya

Otro fresco nos cuenta la historia de amor de dos Pompeyanos, un hombre sale al bosque y encuentra un tigre (si observamos con detalle la pintura, veremos al tigre reposando en el fondo, en la parte superior izquierda).

Hombre y tigre

Tras la batalla el hombre regresa a casa con una herida mortal, inevitablemente fallece. Cuentan que aquel amor era tan grande que el tigre selló las dos vidas de los amantes, la mujer no pudo soportar el dolor y se unió al destino de su amado.

También aprendimos un poco de arqueología al conocer como realizaron los moldes de los Pompeyanos que quedaron atrapados bajo las cenizas. Durante las excavaciones encontraban huecos que habían contenido restos humanos, el arqueólogo Giuseppe Fiorelli tuvo la idea de rellenar esos huecos con yeso, creando así moldes que reflejan los últimos momentos de las personas que no pudieron escapar a la tragedia.

Moldes

Molde humano Pompeya

Luego de las clases de arqueología vinieron unas de urbanismo, por ejemplo, al observar las calles, vemos tres piedras entre acera y acera, que servían como paso peatonal, eran útiles sobre todo cuando llovía. Además las piedras estaban colocadas de modo que no interferían con las ruedas de las carretas.

calles

Paso de Calle Pompeya

A lo largo de todo el recorrido vemos muchas esculturas, cabe destacar que muchas de las piezas de arte han sido llevadas a diferentes museos de todo el mundo.

Escultura Pompeya

Escultura Pompeya

En las entradas de las casas se solía colocar un mosaico con la forma de un perro, muchas veces acompañado de la inscripción Cave Canen (cuidado con el perro), al entrar en la casa, solía estar un perro grande como protector. También esa costumbre moderna del cartel “Cuidado: perro bravo” tiene por lo menos 2 mil años, otros la han cambiado por “Peligro: alto voltaje”.

Perro en la entrada de una casa

Perro entrada de una casa en Pompeya

Finalmente llegó la tarde y la ciudad cambió de color, el sol se reflejaba en sus paredes, creando una gran variedad de ocres que nunca antes había visto.

Atardecer

Atardecer en Pompeya

Nos sentamos en alguna de aquellas piedras para contemplar y reflexionar sobre el pasado de ésta ciudad.

Una vez entrada la noche regresamos por otra pizza a Nápoles y desde allí tomamos el tren de regreso a Roma.

 

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